Quizá sea gata
gata, quizá
lamiendo mis patas
acicalándome el lomo
recuerdo su cuerpo
como un sendero de tierra
seré quizá
gata
porque desapegada
dormitando al sol
pienso que los senderos
son en realidad agrestes
e incómodos
bostezo
lánguida mi cola
ronroneo golosa
olvido sus olores
prefiero el sol que (también)
calienta
pero que no está
Grumos
Soñé mis pechos, y en la orilla de mis pechos, los pezones eran como de mazapán reseco: pequeños grumos separándose unos de otros, lanzándose irremediables al vacío.
Hinchados, desahuciados los pezones desgranándoseme.
Era una llaga ardiente la piel bajo aquella lenta despedida. Soñé que nada podría detener el resquebrajarse. Aún disgregados, esos preciosos pedazos seguirían siendo míos. Yo misma en lo roto, en el resto al final de la caída.
Intento descifrar esa angustia. La que nutre debe estar adolorida. Debe estarse asfixiando alguna canción dentro de mí.
Retorno una y otra vez a mis pezones heridos, y los quejidos me perturban. Permanezco quieta, esperando la palabra cierta. Aguardo a que en el silencio me roce. Pero no puedo, no puedo entender sus motivos.
Apenas mis pezones aullando. Y el vacío.
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