jueves, 18 de octubre de 2007

Quizá sea gata

gata, quizá

lamiendo mis patas

acicalándome el lomo

recuerdo su cuerpo

como un sendero de tierra

seré quizá

gata

porque desapegada

dormitando al sol

pienso que los senderos

son en realidad agrestes

e incómodos

bostezo

lánguida mi cola

ronroneo golosa

olvido sus olores

prefiero el sol que (también)

calienta

pero que no está

Grumos

Soñé mis pechos, y en la orilla de mis pechos, los pezones eran como de mazapán reseco: pequeños grumos separándose unos de otros, lanzándose irremediables al vacío.

Hinchados, desahuciados los pezones desgranándoseme.

Era una llaga ardiente la piel bajo aquella lenta despedida. Soñé que nada podría detener el resquebrajarse. Aún disgregados, esos preciosos pedazos seguirían siendo míos. Yo misma en lo roto, en el resto al final de la caída.

Intento descifrar esa angustia. La que nutre debe estar adolorida. Debe estarse asfixiando alguna canción dentro de mí.

Retorno una y otra vez a mis pezones heridos, y los quejidos me perturban. Permanezco quieta, esperando la palabra cierta. Aguardo a que en el silencio me roce. Pero no puedo, no puedo entender sus motivos.

Apenas mis pezones aullando. Y el vacío.


Claudia Peña

No hay comentarios: