jueves, 18 de octubre de 2007

Editorial


Moral - Apr. 11, 2006 at 02:19 PM

I. Es necesario afilar cuidadosamente los cuchillos para carnear. Se humedece bien la laja. Se asume una posición cómoda. La idea de provocar el menor sufrimiento es más bien simple, como para solazarse en su meditación. Esto es bueno. Uno puede invertir un buen par de horas entre un zás! zás! alternativo, y muy pronto el alma se adormece: mientras más preciso lo rápido más completo el olvido.

Ahora bien, todos entendemos lo absurdo de dividirse el trabajo. "Que el que afile los cuchillos no sujete el cuerpo" o "Que el sujete el cuerpo no atenace la boca para disimular el grito".

Que el que silencia, no mate.

Todo esto puede sonar bien al principio, pero deviene bien pronto en un algo completamente innecesario, en un fastidio.

Realmente no debieran hacerse tantas consideraciones al respecto; no existe una moraleja para asuntos tan prácticos. El mayor bien en estos casos se logra teniendo el cuidado de recordar en todo momento que los cuchillos tienen siempre dos lados que afilar y que usar.

Moral - Apr. 11, 2006 at 03:31 PM

II.

El aire se pinta tan inmóvil que puedo tocarlo.

Ojalá pudiera respirarlo.

Sueño que estoy despierto, soñando con tu cuerpo.

Ahora que no te tengo, sólo encuentro una forma de acariciarte y sentir tus caricias al mismo tiempo.

La soledad y su patética ironía nunca serán excusas para la soledad y su patética ironía, pero hoy, yo soy la excusa de mí mismo.


Rodrigo Ruiz

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