

30 de noviembre. de 1900, es el día que deja de ser un día cualquiera, en Paris donde se encontraba exiliado desde 1898, ha muerto Oscar Wilde, maximo representante en literatura de la estetica del decadentismo. Hijo de un celebre cirujano irlandes, Oscar Fingall O´Flahertie Wills (verdadero nombre) había nacido en Dublín el 16 de octubre de 1854, educado en Trinity Collage y posteriormente en Oxford, conquisto Londres, Paris y E.U.A. con su caustica ironia y sus dotes de conversador y conferenciante inimitable. Sus novelas “El Retrato de Dorian Gray y El Fantasma de Canterville, entre otras”, brillando también como comediografo por El abanico de lady Windermere, Salome, La importancia de llamarse Ernesto. Con algunos problemas por presumirse su homosexualidad cae preso por dos años, cumpliendo la condena con las condiciones mas penosas en el penal de Reading. Cuando sale de la cárcel se refugia en Paris, viviendo semioculto bajo el nombre de Sebastián Melmoth. Como el tiempo redime todas las cosas, a medida que pasen los años se olvidará la faceta humana del poeta y cada vez se agigantará más y más su considerable a las que ha renovado en muchos aspectos.
Mientras en diciembre del mismo año Gregorio XVI y León XIII hablan de que se debe luchar por la fe y lograr una patria española sin imitadores de Lucifer, al referirse al liberalismo tildándolo de pecado, en enero del 1901 en Estados Unidos la moral puritana se ha aliado con la higiene en la cruzada emprendida por la “Women´s Christian Temperante Unión” de Nueva Cork, advierten que el beso es una practica bárbara y malsana que debe ser abolida. En los casos en que pueda ser evitado, aconOseja, es imprescindible un previo lavado bucal con algún producto de tipo antiséptico. Esto hizo creo una gama increíble de productos y muy buen negocio farmacéutico.
¿Se imaginan un mundo sin besos?
27 de enero, tres meses después de cumplir los 87 años ha muerto en Milán Giuseppe Verdi. Había nacido en Roncole, Parna, en 1813, y desde pequeño manifesto un talento musical fuera de serie. No alcanzo sin embargo la consagración internacional hasta Tabuco (1842), a la que siguieron muchas otras operas hasta las obras maestras de su madurez: Rigoletto, La Travista, Il trovatore, Aída y Otelo. Pero Verdi no sólo hizo de la ópera la música nacional italiana, sino que se convirtió en símbolo de la unificación de su país, hasta el punto de que su nombre era la contraseña de la lucha contra el austriaco: En efecto, VERDI (Vittorio Emmanuel Rey de Italia).
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