jueves, 25 de octubre de 2007



Egipto, pueblo enigmático, lleno de misterios que hasta hoy algunos todavía no son descubiertos del todo; en nuestro caso son una inspiración y el tema de este tan esperado –al menos por nosotros- segundo numero, pues entre tantas cosas que legaron esta hermosa cultura, una de ellas es el papiro egipcio, lleno de singularidades, sensible a su medio ambiente, incluso hipersensible, el egipcio se esfuerza en integrarlo a su ser interior; ritos y palabras acompañan la mayoría de los actos de su jornada, a causa de las interferencias con lo invisible que siente por la naturaleza, a sus ojos el misterio esta en todas partes. Así pues muchas veces nos sentimos, de repente nos damos cuenta que podemos plasmar en papel todo lo que nos rodea y darle ese toque místico que sentimos al momento de interpretar todo lo que llega a nuestros sentidos.

Fue algo difícil sacar este segundo numero, por muchas razones, unas cuantas que personalmente quiero obviar, pero si una de ellas que me siento en la obligación de mencionar y fue la odiosa tarea que realizamos (El Concejo Editorial) de elegir que artículos, que cuentos, que poemas, que notas y demás, irían en este numero, digo odiosa pues lamentablemente no contamos con los suficientes recursos como para poner todo lo que producimos, lo que nos enviaron –por cierto muchas gracias a todos los que se molestaron en escribirnos, no crean que no los tomamos en cuenta, tengan paciencia que tarde o temprano saldrán sus aportes literarios e informativos- o las actividades a las que acudimos. Repitiendo y continuando con lo dicho en el anterior numero: “esperamos que este numero no sea el ultimo ni el mejor”. Es muy agradable ver que esta revista en su primer numero ya dejo de ser nuestra y se convirtió en la de muchos que se molestaron en comprarla y nos comunicaron que les agradó mucho, para todos ellos va dedicada esta revista que como menciono va inspirada en la cultura Egipcia, merecedora de muchos tributos por todas las aportaciones a la cultura y a la evolución de la humanidad, el deseo de plasmar sus conocimientos, sus creencias, de trascender en el tiempo y ser recordados por siglos y siglos, es realmente inspirador; como ciudadanos del mundo y mas aun como tripulantes de este batiscafo que cada vez queremos más no podemos pasarlos por alto, y es así que este numero va como tributo a esa hermosa cultura.

Esperando una respuesta a esta producción que esperamos que cada vez crezca mas los invitamos queridos lectores a que nos manifiesten sus opiniones, comentarios o aportaciones, siempre serán bienvenidas.

Sin más que decir los invito a esta segunda inmersión de BATISCAFO, esperando que la disfruten tanto como nosotros.

Ludwinci.



Piel de asno

VAlentine Penrose

Piel de asno se hallaba en la esfera

la bella dotada de videncia

la esfera enjoyada

Trabaja melancolía trabaja

la linterna alumbrada el fermento se debilitaba el pastel se azulaba

Era cierto: me dabas en tu alegría

un vestido de tiempo

de qué día de qué tiempo zafiro oh lluvia oh noche

(del libro A mème la terre)

****************


Lenta ascensión del buzo

que remonta de las profundidades indecibles

hacia la superficie espejo del sol

espejo roto blanco semilla

mi estela se vuelve y corre

hacia ti a quien he abandonado

tierra de mis nacimientos pasados

mi estela te busca y viene a tocar

tus pies de piedra negra

la puerta femenina la puerta masculina

el fauno anaranjado el blanco que termina azul

se vuelven hacia el huevo de ojos cerrados

al huevo de mandioca que no sabe sino su nombre

te he perdido al mediodía

cuando los gavilanes vuelan con su sombra

cerca de las sombrías piedras guardianes del agua

(Bombay, 8 de abril de 1936. Inédito)

ALICE RAHON


SYD BARRETT

THE LUNATIC IS UNDER THE GRASS

Hacía tiempo que no se siente tan bien. Se despereza y se levanta de la cama para dirigirse tranquilamente al comedor. Sobre la mesa, un tazón con Naranjas y Manzanas le llama la atención, toma una de éstas y mira sin mucha curiosidad un gran plato que está a su lado. Tapado con otro plato, se pregunta qué contiene, qué secretos oculta. Un par de cubitos de azúcar le provocan un sabor ácido en la boca. En las paredes, pinturas y antiguas fotografías lo miran desde tiempos pasados. En una de ellas un señor de aspecto severo con traje mira al vacío. No sabe –o no recuerda- que es su padre muerto cuando el tenía 12 años. Al lado, una foto de su madre fallecida en 1991. Una lágrima se esfuerza por salir, pero no lo consigue, se pregunta el porqué de ese sentimiento. Más retratos, de sus hermanos, Alan, ¿quién? y Rosemary, quien lo ha cuidado durante los últimos años. Las pinturas en el suelo y colgadas en las paredes no significan nada para él. Un niño de lentes, una colorida cabaña de troncos, una mesa con tazas, una tetera y una cuchara, ¿qué significan? ¿qué representan? incluso se pregunta quién las habrá pintado y con qué intención. Sobre la mesa hay una máquina de escribir con hojas inacabadas sobre un libro de arte. Mira alrededor, un sitio tan plagado de recuerdos, pero de esos que han muerto con sus habitantes, extraviados en el mundo de los espíritus, nada de eso sobrevive en su mente. Se siente frustrado, después de tantos años de encierro tiene la necesidad de salir a la calle, sentir el viento, oler el pasto e interactuar con la gente, esos seres de otro mundo, otra especie, otro pensar. La puerta abierta le facilita la salida. Mira su bicicleta al lado de un espantapájaros y decide que mejor es caminar. En unos minutos está paseando por su Cambridge natal. En un parque ve tres niños jugar. ¡Emily deja de jugar con Arnold!, escucha y no le extraña que el niño tenga unos calzoncillos en la mano y los agite al viento, mientras otro infante de cabello dorado lee un libro de poemas de James Joyce. Sobre el césped una pareja juega Dominós y toma limonada con un bebé dormido. Siente el viento, levanta la vista y mira las nubes, hay una enorme con la forma de un elefante que se deshace con el soplar del céfiro y por alguna razón piensa en la inmensidad de la vía láctea. Por todos lados hay radios, hace años que no las escucha, vuelve a sentir la sinestesia, relacionando sonidos y colores. En una pequeña radio suena un blues de Bob Dylan y en otra se escucha al jazzista Thelonius Monk. Éste pequeño parque es un microcosmos, una pequeña fantasía en los sueños de algún loco, piensa. En otra pequeña radio escucha fragmentos de un noticiero “…falleció a la edad de 60 años en su casa de Cambridge, en la que se encontraba recluido desde hace años…” Sigue caminando, nada tiene sentido, porqué se siente tan bien físicamente y destruido mentalmente, algo no está bien. Un grupo de personas conversa animadamente, cuando sienten que llega, todos lo miran y callan. Sus atuendos son extraños, pasados de moda, parecen de los años 60 y 70’s. Un hombre de color con afro y una bandana en la frente le saluda. Junto a él otras personas de cabello largo y ropa estrafalaria lo miran con respeto. Syd, bienvenido -le dicen-, hierofante lisérgico, hace años que te esperamos, Jimmy hace años que no te veía, ni Byron, ni Jim. Todo es tan confuso, los recuerdos se apiñan en su cabeza, siente la necesidad de regresar a su casa, volver atrás en el tiempo, estar en los brazos de su madre, pintar, tocar música, es muy tarde, muy tarde. Además otros amigos quieren conocerte, trovador edípico –continúan diciéndole-, él es Kurt, mientras señala a un joven de cabello largo y rubio. Muy pronto, selenita esquizoide -dice una mujer de cabello que le tapa la cara, llamada Janis-, tendremos a tus amigos Roger, David y Nick. Piensa, algo recuerda de ellos, si, los recuerda. Necesito huir otra vez. Está gente no me comprende, dicen cosas de mí que no son ciertas. ¡no soy un lunático, no soy un diamante loco!!no brillo, ni nada! Sólo brillé lo que un relámpago en la noche, nada más quiero vivir en mi propio mundo. Quiere correr, pero algo lo retiene. ¿Es que esto es mi memoria? ¿Alguien me recuerda? ¿Todos estos años quién he sido? Me aparté de todos y ahora todos hablan de mí, ahora nada puedo hacer. Huí de los recuerdos y la gente y ahora, soy su prisionero para siempre. Hey Syd, escucha, dice alguien –¿porqué me llaman así?-eso es para ti, y señala una televisión en la que se ve a Roger Waters, los últimos acordes de Wish you were here suenan y dice: Señores, este es Syd Barrett, para que no lo olvidemos.