
Entendemos por notación musical a cualquier sistema gráfico que permita la expresión de una pieza musical de la manera pensada por el autor. El sistema mas aceptado es el occidental que utiliza una pauta de cinco líneas y cuatro espacios, indicando la tonalidad, dinámica, andamiento, intensidad, duración de las notas, altura, timbre, etc. A pesar de que los sistemas de notación musical existieron desde la antigüedad, se puede decir que el actual se viene desarrollando hace unos trece siglos. Oportunamente volveremos a ello.
Existen evidencias arqueológicas de escritura musical practicada en el Egipto y Mesopotamia alrededor del 3º milenio a.C. El epitafio de Seikilos encontrado en Turquía nos dice que también los griegos registraban su música. Con símbolos taquigráficos que representaban notas sobre el texto de una canción - la notación fonética, de transmisión oral - se constituye, quizás, como el antecedente lejano de la notacion anglo-sajona por letras desde A hasta 
Como mencione anteriormente, nuestro sistema moderno tuvo sus orígenes en los “neumas”, o símbolos gráficos de las piezas vocales del canto gregoriano , siglo VIII. Estos neumas consistían en puntos y guiones que representaban los intervalos y reglas de expresividad, como melismas, posicionadas sobre las silabas de los textos. Pero solo servían al que ya conocía la pieza. Para resolver este problema, las notas pasaron a figurar en relación a una línea horizontal, significando subjetivamente la altura (distancia de la línea) y la duración (distancia entre notas). Al no tener una distancia predeterminada entre las notas y la línea de referencia - la nota Fa que era roja y posteriormente el Do en color amarillo - este sistema se prestaba a interpretaciones muy personales y inexactas, siendo, por lo tanto, un recurso mnemónico no destinado para los que desconocían la melodía.
El sistema fue encontrando aceptación al adoptar cuatro líneas paralelas horizontales (el tetragrama sugerido por d´Arezzo) y la utilización de claves para alterar la extensión de las alturas posibles. Fue alrededor del siglo X cuando se introdujeron las figuras representativas de la duración.
Gran parte del desarrollo de la notación musical deriva del trabajo del monje benedictino Guido d´Arezzo. Entre sus contribuciones contamos el desarrollo de la notación absoluta de las alturas y sistematización de la enseñanza del solfeo que implicaba cantar el nombre de las notas. Por esta razón, sustituyo el antiguo sistema (letras A-G). Los nuevos nombres que dio a las notas son los que conocemos hoy y derivan de la primer silaba de los versos del Himno a San Juan Bautista. Este himno era cantado por los niños del coro para que el Santo les protegiera de la ronquera. Por la candidez del texto transcribo, a continuación, su contenido:
Ut queant Laxis
Resonare fibras
Mira Gestorum
Famuli tuorum
Solve polluti
Labi reatum
Sancte Ioannes
Para que nosotros tus siervos podamos loar claramente
el milagro y
la fuerza de tus actos
Absuelve nuestros
labios impuros
San Juan.
Posteriormente la pauta gano una línea mas (ahora las cinco). El uso de líneas verticales para dividir secciones de la partitura surgió en el siglo XV y no tenia otra función que la de facilitar la lectura por su auxilio visual. Solamente en el siglo XVII estas secciones se convirtieron en patrones rítmicos predefinidos y el pentagrama, conocido desde el siglo XI, fue finalmente aceptado.
No es difícil imaginar el trabajo de los editores de partituras y de investigadores y musicólogos al tratar de entender de que manera se interpretaban las partituras que nos llegaron. Algunos compositores conocidos por todos nosotros como Bach, Josquin des Prez, Palestrina, Purcell o Monteverdi aun no conocían ciertas convenciones conocidas por nosotros. Interpretar estas piezas requiere un esfuerzo conjunto de áreas como
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