Carta a la tripulación del Batiscafo, comentando sobre su presentación oficial en la Expociencia de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno. De mi consideración:
Curiosamente el 28 de octubre se realizaron simultáneamente dos actividades de naturaleza nominal oceánica; la presentación de la Revista cultural Batiscafo y el Corso Universitario. Me explico: Batiscafo, navío sumergible utilizado para la exploración de grandes profundidades oceánicas, y Corso, expedición de marinos denominados corsarios, que tenían por misión – bajo la tutela de su gobierno-, interceptar barcos enemigos y capturar esencialmente la mercancía armamentística.
La constante evolución del lenguaje permite que se utilicen términos de otra manera a su acepción primigenia, como: Revista batiscafo; y se degeneren como corso Universitario. En el primer caso considero ingeniosamente acertado el nuevo uso que se hace del término, con el fin de bautizar a una revista cultural. Y es a partir de ahí donde la imaginación desenrolla divertidos juegos con el lenguaje: Revista sumergible en la cultura, provista de un periscopio cruceño con visión mundial, que puede soportar la presión atmosférica social... sinceramente espero que la transmutación del vocablo origine a un término como batiscafiano; que por ejemplo, podría figurar la actitud introspectiva del ser humano o la de explorar críticamente el trasfondo de la realidad circundante.
Estando en la presentación, realizada en uno de los jardines universitarios, yo tuve una percepción batiscafiana y pude percatarme de la improvisación del acto; que se desarrolló, -literalmente- detrás de la estatua de Gabriel René Moreno. Esta imagen actuó en mí como una triste metáfora: La universidad petrificada, mirando preferente u ¿obligadamente? al corso universitario.
Pero esto es culpa de la Administración Universitaria que desnaturalizando el nombre de la Universidad, no supo dar el espacio conveniente a la presentación de la revista cultural, no debieron poner en balanza a la expedición corsaria que con su despliegue de coreografías, colores y sonidos folclóricos capturó al público, diezmando las posibles asistencia a la presentación de la revista; quedando ésta arrinconada, con unas cuantas sillas mal iluminadas, formando una burbuja que se originó gracias a la inmersión del Batiscafo, una burbuja donde estuvieron tres guitarristas reconocidos: Louis Demons, Eliécer Franco y Gustavo Rivero. Las notas se desgranaron en pausados giros, diseminándose no muy lejos por que abruptamente chocaban contra el estrepitoso bullicio de la avenida centenario donde los corsarios arremetían sin encontrar su mercancía. También pude conocer a los jóvenes promotores de la revista. A su almirante, Marcelo Bacarreza que amenamente compartió la génesis del batiscafo cruceño, que de ser idea, luego sueños y desvelos llegó a materializarse en una propuesta cultural cruceña, rompiendo con el paradigma de que Santa Cruz es una ciudad pagana del Arte. También uno de sus oceanógrafos, Saúl Montaño, nos habló sobre el Arte y su hija predilecta… la literatura. Que en sus términos dijo que era la religión del hombre Universal, con su trinidad: Belleza, Hombre y Palabra. Al final se regalaron Libros – verdaderas joyas literarias-, y, entradas al Cine Bellavista… La burbuja fue perdiendo consistencia hasta desvanecerse dejándonos expuestos a la presión atmosférica social.
Gracias por esa velada. Histórica para la revista e inolvidable para mí; y esperando la publicación de los resultados de sus próximas exploraciones, se despide:
S.M. Hernández
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