SYD BARRETT
THE LUNATIC IS UNDER THE GRASS
Hacía tiempo que no se siente tan bien. Se despereza y se levanta de la cama para dirigirse tranquilamente al comedor. Sobre la mesa, un tazón con Naranjas y Manzanas le llama la atención, toma una de éstas y mira sin mucha curiosidad un gran plato que está a su lado. Tapado con otro plato, se pregunta qué contiene, qué secretos oculta. Un par de cubitos de azúcar le provocan un sabor ácido en la boca. En las paredes, pinturas y antiguas fotografías lo miran desde tiempos pasados. En una de ellas un señor de aspecto severo con traje mira al vacío. No sabe –o no recuerda- que es su padre muerto cuando el tenía 12 años. Al lado, una foto de su madre fallecida en 1991. Una lágrima se esfuerza por salir, pero no lo consigue, se pregunta el porqué de ese sentimiento. Más retratos, de sus hermanos, Alan, ¿quién? y Rosemary, quien lo ha cuidado durante los últimos años. Las pinturas en el suelo y colgadas en las paredes no significan nada para él. Un niño de lentes, una colorida cabaña de troncos, una mesa con tazas, una tetera y una cuchara, ¿qué significan? ¿qué representan? incluso se pregunta quién las habrá pintado y con qué intención. Sobre la mesa hay una máquina de escribir con hojas inacabadas sobre un libro de arte. Mira alrededor, un sitio tan plagado de recuerdos, pero de esos que han muerto con sus habitantes, extraviados en el mundo de los espíritus, nada de eso sobrevive en su mente. Se siente frustrado, después de tantos años de encierro tiene la necesidad de salir a la calle, sentir el viento, oler el pasto e interactuar con la gente, esos seres de otro mundo, otra especie, otro pensar. La puerta abierta le facilita la salida. Mira su bicicleta al lado de un espantapájaros y decide que mejor es caminar. En unos minutos está paseando por su Cambridge natal. En un parque ve tres niños jugar. ¡Emily deja de jugar con Arnold!, escucha y no le extraña que el niño tenga unos calzoncillos en la mano y los agite al viento, mientras otro infante de cabello dorado lee un libro de poemas de James Joyce. Sobre el césped una pareja juega Dominós y toma limonada con un bebé dormido. Siente el viento, levanta la vista y mira las nubes, hay una enorme con la forma de un elefante que se deshace con el soplar del céfiro y por alguna razón piensa en la inmensidad de la vía láctea. Por todos lados hay radios, hace años que no las escucha, vuelve a sentir la sinestesia, relacionando sonidos y colores. En una pequeña radio suena un blues de Bob Dylan y en otra se escucha al jazzista Thelonius Monk. Éste pequeño parque es un microcosmos, una pequeña fantasía en los sueños de algún loco, piensa. En otra pequeña radio escucha fragmentos de un noticiero “…falleció a la edad de 60 años en su casa de Cambridge, en la que se encontraba recluido desde hace años…” Sigue caminando, nada tiene sentido, porqué se siente tan bien físicamente y destruido mentalmente, algo no está bien. Un grupo de personas conversa animadamente, cuando sienten que llega, todos lo miran y callan. Sus atuendos son extraños, pasados de moda, parecen de los años 60 y 70’s. Un hombre de color con afro y una bandana en la frente le saluda. Junto a él otras personas de cabello largo y ropa estrafalaria lo miran con respeto. Syd, bienvenido -le dicen-, hierofante lisérgico, hace años que te esperamos, Jimmy hace años que no te veía, ni Byron, ni Jim. Todo es tan confuso, los recuerdos se apiñan en su cabeza, siente la necesidad de regresar a su casa, volver atrás en el tiempo, estar en los brazos de su madre, pintar, tocar música, es muy tarde, muy tarde. Además otros amigos quieren conocerte, trovador edípico –continúan diciéndole-, él es Kurt, mientras señala a un joven de cabello largo y rubio. Muy pronto, selenita esquizoide -dice una mujer de cabello que le tapa la cara, llamada Janis-, tendremos a tus amigos Roger, David y Nick. Piensa, algo recuerda de ellos, si, los recuerda. Necesito huir otra vez. Está gente no me comprende, dicen cosas de mí que no son ciertas. ¡no soy un lunático, no soy un diamante loco!!no brillo, ni nada! Sólo brillé lo que un relámpago en la noche, nada más quiero vivir en mi propio mundo. Quiere correr, pero algo lo retiene. ¿Es que esto es mi memoria? ¿Alguien me recuerda? ¿Todos estos años quién he sido? Me aparté de todos y ahora todos hablan de mí, ahora nada puedo hacer. Huí de los recuerdos y la gente y ahora, soy su prisionero para siempre. Hey Syd, escucha, dice alguien –¿porqué me llaman así?-eso es para ti, y señala una televisión en la que se ve a Roger Waters, los últimos acordes de Wish you were here suenan y dice: Señores, este es Syd Barrett, para que no lo olvidemos.
2 comentarios:
Bravo! Casi se me pianta una lagrimita...
bueno, bueno... Me da un poco de pena decirte q recién lo leo... Pero es mejor tarde nunca...
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